Con Bicho Malo, Naike Ponce propone un flamenco del presente: intenso, femenino, abierto a la fusión y construido alrededor de una voz que no esconde la herida, sino que la convierte en fuerza.

Hay discos que llegan como una simple novedad musical y hay discos que parecen marcar un cambio de temperatura. Bicho Malo, el nuevo trabajo de la cantaora Naike Ponce, pertenece a la segunda categoría. Publicado el 26 de junio de 2026, el álbum reúne ocho temas y una idea clara: la de una artista que ya no quiere elegir entre raíz y libertad.
Naike Ponce viene de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, un territorio donde el flamenco no es solo un género musical, sino memoria, respiración y una forma de mirar el mundo. Precisamente por eso resulta tan interesante el rumbo de este nuevo álbum: la artista no se desprende de la tradición, pero tampoco la convierte en museo. La lleva consigo y la pone en contacto con un sonido más actual, más directo, más permeable a la sensibilidad de una generación que ya no escucha la música en compartimentos cerrados.
El título del disco, Bicho Malo, tiene algo de desafío. En la cultura popular española, la expresión puede remitir a la resistencia, al instinto, a esa fuerza difícil de domesticar que sobrevive incluso después de los golpes. En el contexto del álbum, el título se convierte en algo más que una etiqueta: se vuelve una actitud. Una manera de decir que hay heridas que no te destruyen, sino que te obligan a reconocerte de otra forma.
El tema que da nombre al disco ya había sido lanzado anteriormente como single y preparó el terreno para la atmósfera de todo el proyecto. No estamos ante un flamenco domesticado ni ante una modernización de escaparate. Hay nervio, tensión y una energía que viene del presente, pero que conserva el dramatismo interior del género. Aquí, la voz de Naike Ponce no funciona como adorno, sino como exposición: dice, aprieta, corta y vuelve.
Uno de los momentos más relevantes del álbum es Dime Tú, su colaboración con Estrella Morente. La canción reúne dos universos vocales distintos, pero compatibles en intensidad. El resultado es una conversación emocional sobre la pérdida, la ausencia y la necesidad de encontrar una respuesta cuando algo esencial se ha roto. Estrella Morente no aparece como una invitada de prestigio, sino como una presencia que ensancha el espacio afectivo de la pieza.
El disco incluye también colaboraciones con Carmen y María en La Otra Mitad De Mí y con Ángeles Toledano en Qué Bonita Eres. Estos encuentros vocales aportan al álbum una dimensión colectiva. Bicho Malo no es solo la historia de una voz, sino también la de una complicidad artística entre mujeres que cantan desde lugares distintos de una misma intensidad.
Detrás de la construcción sonora aparece Gaizka Baena, productor y compositor implicado en la definición de esta etapa. El sonido del álbum busca un equilibrio entre flamenco, expresión contemporánea y apertura hacia la fusión. No todas las canciones avanzan en la misma dirección, y ahí reside parte de su interés: el disco tiene algo de camino, de búsqueda, de artista en movimiento.
Lo que convence en Bicho Malo es que el álbum no intenta explicarse demasiado. No llega con un manifiesto teórico, sino con una sucesión de canciones que hablan de ruptura, deseo, herida y reconstrucción. Es un disco sobre cómo seguir en pie después de que la vida haya pasado por dentro con fuerza. Sobre cómo cantar no solo lo que duele, sino también lo que queda después del dolor.
Naike Ponce parece entender muy bien que el flamenco no necesita defenderse desde la inmovilidad. Al contrario: un género vivo se defiende mejor cuando sigue respirando, transformándose y dialogando con su tiempo. Bicho Malo hace precisamente eso: conserva la raíz, pero rechaza el encierro.
Es un álbum breve, pero con identidad. No dispersa su energía y no se pierde en demostraciones innecesarias. Tiene una voz central, una dirección clara y varias colaboraciones que le dan relieve. Sobre todo, tiene esa buena inquietud de la música que no quiere limitarse a sonar bonita, sino que necesita decir algo.
Con Bicho Malo, Naike Ponce no propone un flamenco contra la tradición, sino un flamenco que atraviesa la tradición para llegar más lejos. Y esa diferencia importa.





















